Un caso real de exorcismo

EXORCISMO DE MARTA (Zulema, L 18-8-2003) – SESIÓN 54

Ha llegado a mis manos un manuscrito con un material inquietante. Las transcripciones de exorcismos reales de la Iglesia Católica realizados en España en el S.XXI

De momento voy a desvelar una sola de esas sesiones. Como dicen en las películas, esto es un caso real como la vida misma. El relato está dicho en primera persona por uno de los protagonistas, que son:

Relator: Francisco, sacerdote exorcista

Exorcista de Marta: José Antonio, sacerdote exorcista

Posesa: Marta

Otros personajes: la madre de Marta, otras personas que ayudan orando en el exorcismo.

Lugar: la cripta de la parroquia de Zulema (Madrid).

Tiempo: Lunes 18-8-2003

No voy a dar mas detalles porque ha de mantenerse la privacidad de las personas. No voy a entrar en las muchas cosas que tiene el manuscrito. Sólo voy a dejar este botón de muestra a ver que os parece.

Poneros en situación. Estamos en la cripta de una parroquia retirada, para que no se puedan oír los gritos. Una posesa aguarda en silencio y oración a que comiencen las oraciones exorcísticas que expulsen a un demonio muy particular de su cuerpo.

Comienza el relato.

Aunque el el tema está relacionado con el asunto de Brígida, quiero, sin embargo, tomar estas notas al margen, separado del mismo.

Invitado por José Antonio Fortea, llego la parroquia de Zulema antes de la hora citada (las 11h), para orar por la liberación de Marta. Entro en la capilla y ya están allí José Antonio, Marta y la madre de Marta, que está preparando el incensario para la sesión. Saludo a José Antonio y me presento a Marta y a su madre. A los pocos minutos llega el mismo matrimonio de la pasada sesión. Vienen acompañados de su hija de unos 25 años y de una amiga de unos 20 años.

José Antonio hace una oración de rodillas para pedir la ayuda de Dios en la sesión que va a comenzar. Todos le acompañamos. Luego rocía con agua bendita toda la capilla, exorcizándola y pidiendo a Dios que no puedan comunicarse los demonios entre sí. Recitamos la letanía de los santos. Tumba a Marta en la colchoneta, le impone las manos, ora en lenguas y pronuncia el primer exorcismo: ¡Satana, ego exorcizo te!. Lo repite. Le echa agua bendita. La unge con aceite exorcizado. “Adventus est dies, hoc est dies. En el nombre de Jesucristo, yo te lo ordeno: di tu nombre…”. Marta abre los ojos y mira con naturalidad al sacerdote. Está en su sano juicio y con plena conciencia.

“¿Nada?”, le pregunta José Antonio a Marta. “Nada!”, responde Marta.

La levanta y la sitúa en el banco. Sigue exorcizándola:

“Con el poder sacerdotal que tengo y en nombre de Jesucristo te mando que salgas de esta criatura”.

Ninguna reacción.

“Bien, dice José Antonio, el demonio está reacio a manifestarse. Vamos a debilitarlo con la oración. Rezad un rosario. Yo voy fuera a rezar la liturgia de las horas”.

En ese momento entra otro matrimonio joven de la parroquia, que se une a la oración.

Yo dirijo el rezo de los misterios gozosos. Rezamos todos con fervor, pausadamente. Marta también reza devotamente, desgranando personalmente las cuentas de su rosario, sentada en el banco de enfrente. También hace lo propio su madre, pero ésta, de rodillas. Así permanecerá de rodillas, pegadita a la figura de su hija, rezando y exorcizando incansablemente, con un ritmo frenético, durante las tres horas largas que durará la sesión.

Acabado el rosario, entra José Antonio, se sienta al lado de Marta y continúa con los mismos ritos: agua bendita, incienso, aceite exorcizado, oraciones en lenguas, invocaciones a los santos, especialmente al arcángel San Miguel. Le pasa un cofre con reliquias de santos por todo el cuerpo, le manda que diga su nombre y que salga de Marta. La muchacha, de unos 25 años, no experimenta ninguna reacción. Llega otro hombre, grueso, de unos 50 años Viene de Madrid. Pertenece a la renovación carismática. Ora en lenguas. Ante el silencio de Satanás, José Antonio nos pide que recemos otro rosario para debilitarlo y que se someta a los exorcismos. Yo dirijo el rezo de los misterios luminosos. José Antonio nos pide que recemos el rosario “por la conversión de Pedro”. ¿Quién es Pedro? Es un compañero de clase de Marta, que está enamoradísimo de ella y está fuertemente obsesionado con tener relaciones sexuales con ella. Como ella no le hace caso, Pedro, para conseguirlo, se ha dirigido a la secta satánica a la que pertenece y les ha pedido que le hagan un maleficio para que entre Satanás en Marta. ¡Y lo ha conseguido!, hace meses Marta tenía a Zabulón, por otro maleficio que le hizo otra compañera de clase. Zabulón se resistió meses a salir, pero por fin salió. Pero unos días antes de salir, entró en Marta el mismo Satanás, por arte del otro maleficio practicado por Pedro. Semanalmente se está reuniendo la secta satánica y piden que entren a ella mas demonios. El actual ha dicho que se llama Satanás en varias sesiones anteriores.

Al rezo de los misterios hago un pequeño comentario, aplicándolo a la liberación de Marta. Añado un sexto misterio luminoso: “la institución del sacerdocio con poder para expulsar demonios”. Acabado el rezo del segundo rosario, vuelve a entrar José Antonio: Marta, igual que en el otro rosario, lo ha rezado devotamente y con pleno conocimiento. Se sienta José Antonio a un lado y se repiten los mismos ritos y las mismas palabras exorcizantes. Marta aparece imposible. De pronto el señor me inspira cantar los kyries de la Misa de Angelis. Me siguen el resto de los asistentes. Al llegar al Christe Eleison, Marta entra en trance profundo. Cambia completamente el aspecto de su rostro: se vuelve sombrío, diabólico. Sus ojos echan fuego y se dirige a José Antonio con grandes gritos:

“Eres tonto! ¿dices que me vas a echar tu? ¡No me voy a marchar!”.

Le saca la lengua para hacerle burla, una lengua enorme. José Antonio, le muestra el crucifijo y le manda:

“mira el crucifijo, Satanás. Este es tu creador!”.

Lo mira con un odio indescriptible Resopla. Ulula. Berrea. “Bésalo!” Le manda José Antonio. “Eso nunca!”, responde con furor. Y le escupe. También escupe a José Antonio. Esta escena se repite varias veces. Insultos al sacerdote, al crucifijo, con gritos, gruñidos, amenazas, manotazos y escupitajos. La madre no hace mas que rezar y exorcizar de rodillas, al lado de su hija. De vez en cuando, Marta se vuelve hacia su madre y le da bofetadas, patadas y con las manos crispadas de una forma violentísima la quiere arañar, pero no lo llega a hacer nunca. También con los dedos de la mano derecha en forma de cuernos, pretende metérselos en los ojos. Lo mismo le hace a José Antonio y al crucifijo. Les llama repetidas veces: “mierda”, en medio de contorsiones espantosas.

Inicio distintos cantos religiosos, tanto en latín como en castellano. Todos me siguen.

José Antonio le increpa:

“hoy en el día! Estás vencido, estás acabado. Por el poder de la sangre de Jesucristo, di tu nombre. Por el poder sacerdotal que tengo, dime como te llamas”.

“Eres tonto!”, le responde con rabia y se resiste una y otra vez a revelar su nombre y a salir de Marta. Todo el grupo ora incesantemente. Hasta ahora sólo han salido de Satanás insultos, salivazos, golpes, desprecios al crucifijo, expresiones de odio y de obstinación en el mal, alaridos espantosos. Pero nada mas que pueda significar un doblegamiento de su voluntad.

“Sigamos rezando”, dice José Antonio. Venga, otro rosario para acabar de debilitarlo. Sale, y yo dirijo los misterios dolorosos, añadiendo un sexto misterio: “Jesús muerto en los brazos de María al pie de la cruz”.

Vuelve José Antonio, se sienta al lado de Marta y vuelve a la carga.

“Di tu nombre!”.

“Miedo”, responde el demonio.

“Miedo tienes tú a Dios -le dice José Antonio, -nosotros no, nosotros le amamos”.

“Malditos!” -resopla con furia el demonio.

  • Miedo, en el nombre de Jesucristo, sal de esta criatura de Dios, que no te pertenece.
  • ¡Eso nunca! Grita con rabia el demonio
  • Sal, yo te lo ordeno, con el poder de la sangre redentora de Jesús.

El demonio ulula, se contorsiona, lanza bufidos, echa miradas rabiosas al sacerdote… Está mostrando su debilidad, y el daño tan terrible que le producen las oraciones, los exorcismos y las bendiciones con el crucifijo.

  • En el nombre de Jesucristo, dime en qué parte del cuerpo estás. Señálalo con el dedo.
  • ¡Eres tonto! ¡Eso no lo haré nunca! ¡Pero, que tonto eres!

Después de un largo forcejeo, el demonio Miedo, muestra que está en el vientre. Allí se le hacen cruces con el crucifijo, y se retuerce y contorsiona furiosamente.

José Antonio le echa agua bendita en el vientre. Toma la Biblia y le lee al demonio pausadamente el cap. 12 del Ap.: “una señal apareció en el cielo…”. Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el dragón…” “San Miguel, por favor, -clama José Antonio- ven como otras veces en nuestra ayuda. Defiende a Marta contra el demonio Miedo. Libérala con el poder que has recibido de Dios…”

El demonio sigue gritándole: ¡Pero, que tonto eres! Y le saca la lengua y le insulta con los dedos de la mano en forma de cuernos. José Antonio ni se inmuta y continúa sus oraciones y sus exorcismos. Luego me invita a mi a orar sobre ella. Tomo el diurnal, me acerco a la posesa y me pongo a rezar con fe y devoción el salmo 58:

“Líbrame de mi enemigo, Dios mío, protégeme de mis agresores, que tu favor se adelante oh Dios, y me haga ver la derrota del enemigo…” El demonio se retuerce furioso, me echa miradas de odio infinito, me saca la lenga y me grita con desprecio;

“¡pero tú, ¿quién te crees que eres!?”.

Yo le respondo con aplomo y con fe:

“soy un sacerdote de Jesucristo, un sacerdote de la Iglesia Católica que tiene poder recibido de Dios para consagrar el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, para perdonar pecados y para expulsar demonios”.

El demonio suelta una risotada. “No te rías Satanás”, -le increpo con autoridad-, estás vencido por Jesucristo. Todos los demonios juntos del infierno no podéis absolutamente nada frente a Jesucristo. Él os ha vencido. Escucha la Palabra de Dios en favor de Marta:

“yo soy pobre y desgraciada: Dios mío, socórreme, que tú eres mi auxilio y mi liberación”.

“¡Dios socorre a todos, es la liberación de todos!” -grita desesperado Satanás.

“Ya los sé” -le respondo- “Dios es bueno con todos”. Me dirijo a todos los presentes y les digo: repetid con fe en ayuda de Marta: “¡Dios mío, socórreme!” “Dios es grande!”. Y todos exclaman: “Dios es grande!”. El demonio se retuerce y grita: “NOOO!”. José Antonio le increpa: “calla y escucha la palabra de Dios!”. Todos repetimos varias veces; “Dios es grande!”.

Sigo rezando el salmo 69:

“Dios mío dígnate liberarme, señor date prisa en socorrerme”.

Sufran una derrota ignominiosa los que me persiguen a muerte. Al demonio le resulta insufrible esta oración que viene cargada con todo el poder de la palabra de Dios. Se retuerce, bufa y se contorsiona sin dejar de lanzar miradas de fuego. Sigo rezando el salmo 85:

“Inclina tu oído señor, escúchame, que soy una pobre desamparada; protege mi vida…, salva a tu sierva que confía en ti… en el día del peligro te llamo y tu me escuchas. Daré gloria a tu nombre por siempre, porque me salvaste del abismo profundo. Dame una señal propicia, que la vean mis adversarios y se avergüencen”.

Acabado el salmo 85, le digo al demonio:

“Mira Miedo, Marta no tiene miedo porque habita al amparo del altísimo y vive a la sombra del omnipotente. Escucha el salmo 90: “NO temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a mediodía…”.

Terminado de rezar el salmo 90, me retiro al banco. La endemoniada se levanta y se pone en pie. La madre se levanta y la sujeta por detrás para que no caiga al suelo. Marta se pone de puntillas agita la cabeza violentamente, extiende los brazos al aire con las manos crispadas como las garras de un ave de rapiña. Sigue gritando, bufando, contorsionándose. Ahora echa baba por la boca, que cae hasta el suelo, en medio de espasmos, náuseas y tos. José Antonio me manda secar con un clínex la baba del suelo. La madre no para de sugerirle al oído oraciones y exorcismos. Marta le pega manotazos y se vuelve hacia ella con las manos crispadas para arañarla:

“cállate zorra de mierda!” -le grita el demonio-.

Pero la pobre madre, ni se asusta, ni se inmuta, ni hace por protegerse. Ya está acostumbrada a estos golpes, a estas amenazas y a estos insultos, que se repiten en los numerosos exorcismos que lleva practicados. El amor de madre es inasequible al desaliento y al cansancio. Marta se suelta de su madre, deambula unos pasos por la capilla y se dirige al altar. Allí se abraza a la cruz de 1m. de altura que hay sobre el altar. Llora desesperadamente. El demonio está reconociendo el poder de la cruz sobre ellos. Grita y grita abrazado a la cruz. Da un berrido estremecedor y cae de rodillas ante la cruz. Al cabo de un rato, se incorpora, retrocede un poco, y se tumba sobre la colchoneta. Una vez tumbada comienza un tiempo de convulsiones violentísimas, mas que cualquier ataque agudo d epilepsia, todo envuelto en medio de bufidos y gritos desgarradores. Todos los presentes la dejamos libre y oramos intensamente en particular y cantamos: “Sálvame Virgen María, óyeme te imploro con fe…”

Ahora se acercan José Antonio y la madre a la posesa. La madre siempre de rodillas.

“Demonio Miedo -le increpa José Antonio- en el nombre de Jesucristo yo te ordeno: ¡sal de esta criatura!”

  • ¡Eso nunca!
  • ¿te tiene atado Satanás? ¿no te deja salir Satanás?

La endemoniada dice que no con la cabeza

  • Satanás: yo te lo ordeno con el poder sacerdotal que tengo y en el nombre de Jesús, rompe la atadura de Miedo y déjale salir de Marta.

Llevamos ya tres horas de exorcismo y de oración agotadoras. La tensión y el cansancio crecen. José Antonio se reviste con alba y estola. Toma el Santísimo del sagrario y se acerca a la posesa:

  • Satanás: ponte de rodillas ante el santísimo eucaristía. La posesa está ahora callada y quieta como muerta, con los ojos cerrados.
  • Reconoce el poder de Jesucristo: Ponte de rodillas ante el Santísimo Eucaristía. No rehúye. Así tres o cuatro veces más. Entonces José Antonio dice:
  • Abre la boca para recibir la comunión. Entonces abre la boca suavemente.
  • Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo… y deposita la sagrada forma en la boca. La endemoniada la aprieta suavemente con los dientes. Así la retiene visiblemente unos segundos. Yo temo que la arroje escupiéndola. Pero la mete suavemente en la boca, le da vueltas y vueltas con la lengua hasta que se la traga. José Antonio se acerca a ella y le abre la boca para comprobar que se la ha tragado. Entonces el demonio no se deja tocar y por sorpresa y con gran rapidez, da un berrido e intenta morderle la mano. José Antonio la retira rápidamente asustado.
  • Ahora que está Jesucristo dentro de Marta, Miedo, sal de ella.

Pero Marta grita, gira los ojos poniéndolos en blanco, se retuerce y se resiste. José Antonio está a punto de cortar ya la sesión, en vista de que hoy el Señor no parece estar dispuesto a echar a Miedo. Pero la madre se inclina al oído de Marta y susurra interminables plegarias llenas de fe, Marta la abofetea. Entonces yo me acerco a Marta, me pongo de rodillas junto a su cabecera y le sujeto las manos para que no pegue mas a su madre, mientras recito oraciones. Como ahora no puede pegarle con las manos, lo hace con los pies, contorsionándose como si fuera de goma. A las oraciones de la madre, el demonio le grita:

“pero que tonta eres!” “zorra de mierda, déjame en paz!”.

La madre ni se inmuta y prosigue.

  • José Antonio se dirige a todos los presentes: “vamos a rezar un ave maría con fe pidiéndole a la Virgen que interceda para expulsar a Miedo”.
  • Rezamos el ave María.
  • Satanás: rompo toda atadura que tengas sobre Miedo y con el poder de Jesucristo te mando que le dejes salir de Marta.
  • Marta grita, se convulsiona, pero Miedo no sale. Yo canto “Christus vincit…”
  • Otra ave maría, para debilitar el poder de Satanás y que le deje salir. Rezamos otra avemaría. Así hasta tres veces. A la tercera vez, José Antonio vuelve a exorcizar. Antes, vuelvo a cantar “Christus vincit…”
  • Miedo, en el nombre de Jesús: ¡sal de Marta!

Marta deja de contorsionarse, abre los ojos normales y una expresión de rostro pacífica dice suavemente:

“no está!”

José Antonio le pregunta:

“¿eres tú, Marta?”.

Ella le responde: “sí”.

Entonces, para confirmarlo, se le hace una breve pregunta en latín. Marta entra en un breve trance y mueve la cabeza negativamente. Todos sentimos un alivio grandísimo. Yo siento una alegría inmensa y me derrumbo sobre Marta llorando de emoción, de alegría y de agradecimiento a Dios y a la Virgen y a san Miguel que ha escuchado nuestras oraciones. José Antonio, puesto en pie dice: cantemos ahora de nuevo el “Christus vincit” reconociendo y agradeciendo su poder sobre Satanás. Y lo cantamos todos felices.

Marta se levanta, se calza, se arregla el pelo y se seca el sudor y las lágrimas. Yo me acerco, la echo la mano sobre el hombro, y le digo: “hemos vencido, ha salido un demonio. Ten confianza, que lo que queda todavía también saldrá”.

Ella me mira agradecida, y sin decir palabra, me hace un gesto de aprobación.

  • Estás cansada
  • ¿te duele la garganta?
  • No
  • ¿recuerdas algo de lo sucedido?
  • Absolutamente nada

Nos despedimos. El señor de la Renovación les lleva a Madrid, a la estación de Atocha, a toda prisa, para coger un tren que les lleve a su lugar de origen. No quieren que se sepa de dónde vienen, para no crearles problemas en su ciudad.

José Antonio y yo nos vamos a comer juntos a Alcalá. Seguimos comentando el caso. Me invita para la próxima sesión con marta el viernes 29/8, a las 11:30h. me da plena libertad para llevar a otras personas del Camino Neocatecumenal, para que oren y para que tomen conciencia de este problema tan importante y así se pueda orar por ellos en las comunidades neocatecumenales

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