Introducción a la santería

Introducción a la santería

La santería nació en Nigeria, a orillas del río Níger. Este es el país de origen deja gente yoruba que, entre muchas otras tribus africanas fueron traídas al Nuevo Mundo por traficantes de esclavos hace más de cuatro siglos.

Los yoruba trajeron consigo la mitología colorida de su religión, conocida en Cuba como Incurra y en Brasil como macumba. El pueblo yoruba proviene de Nigeria meridional. Comprende un número grande de grupos étnicos, tales como los egba, ketu, ijebu e ife, entre otros.

Anteriormente tuvieron una estructura social compleja que estaba “organizada en una serie de reinos, el más importante de los cuales era el de Benin. El reino de Benin duró desde el siglo xii hasta 1896, cuando lo dispersaron los colonizadores ingleses. Benin tenía una forma de autocracia teocrática, donde el oba o rey tenia un poder absoluto.

La cultura avanzada de la civilización de Benin puede apreciarse en las hermosas obras en bronce y marfil, que datan desde tiempos arcaicos hasta el siglo xvii, y que pueden ser apreciadas en muchos museos en todo el mundo. A principios del siglo xvii, el pueblo ewe invadió la región de Dahomey y los reinos vecinos, forzando a las tribus yorubas a ’emigrar a la costa de Nigeria, donde muchos de ellos fueron capturados por los traficantes de esclavos y traídos al Nuevo Mundo.

El aspecto más importante e interesante de la cultura yoruba es su mitología y sus prácticas religiosas. Se han hecho investigaciones y estudios extensos sobre el culto yoruba. Estos estudios demostraron que el panteón yoruba es extremadamente complejo y sofisticado, y muy reminiscente de los griegos antiguos.

Sus dioses y diosas, conocidos como orishas, son plausibles y extraordinariamente humanos en su comportamiento. El término orisha es de origen incierto. Algunos antropólogos piensan que se deriva de la palabra as ha, que significa ceremonia religiosa.

Otros aseguran que se forma de las raíces ri (“ver”) y sha (“escoger”). Hay muchos orishas en el panteón. Algunas autoridades dicen que en África su número pasa de seiscientos. En Latinoamérica sólo se conocen y honran unas cuantos de ellos. En los complicados ritos mágicos y religiosos del culto, los sacerdotes tienen gran importancia.

Existen tres diferentes órdenes de sacerdotes: la primera y más importante es la de los babalaos, quienes adivinan el futuro por medio de caracoles de mar o de cortezas de coco; este sistema de adivinación se conoce como la Tabla de Ijá.

Hay varios grados dentro de la casta de los babalaos: primero está el oluwo o sumo sacerdote; luego sigue el ajigbona, o ayudante de sacerdote; el odofin toma el lugar del sumo sacerdote durante la ausencia de éste; el asare pawo es el mensajero que llama a los devotos a las ceremonias; y finalmente, el awaro es el sacerdote dedicado a un orisha especifico y que en un tiempo sacrificaba víctimas humanas al dios o la diosa al que estaba consagrado.

El babalao conduce todas las ceremonias importantes del culto yoruba.
La segunda orden de sacerdotes la constituyen los ministros de los orishas que se encargan de las curaciones, como Osayin, el dios de la medicina, y Aroni, uno de los dioses de las hierbas.

La tercera orden incluye a los sacerdotes o sacerdotisas de Orisha-Oko, dios de la agricultura, y a los sacerdotes consagrados a dioses menores o a deidades humanas. Al esparcirse las variadas familias africanas en todo el Nuevo Mundo por el tráfico de esclavos, sus prácticas religiosas fueron
influenciadas por su nuevo ambiente y las lenguas extrañas habladas
en las tierras de su exilio.

Cada tribu tomó prestado libremente de las costumbres, ideas y creencias religiosas de su tierra adoptiva. Esto trajo una gran diversidad a las ceremonias mágicas del negro. Los ritos variaron con cada tribu. En Haití, el culto del vudú fue propagado por los nagos, ibos, aradas, dahomeyanos
y otras tribus.

En las colonias españolas y portuguesas, especialmente Cuba y Brasil, los yorubas y bantúes trasmitieron ritos mágicos semejantes. Aunque algunos de los rituales y ceremonias de la santería no son diferentes de ritos del vudú haitiano, las divergencias son marcadas, pues no solamente estuvieron implicadas en los dos movimientos tribus distintas, sino que
también Haití se encontraba bajo influencia francesa durante el tráfico de esclavos, mientras otros países del Caribe, como Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana estaban bajo el dominio español.

En Cuba, donde la santería se desarrolló extensamente, los yorubas fueron conocidos como lucumíes, término derivado de la palabra yoruba akumí, que es el nombre dado a un nativo de Aku, región de Nigeria de donde vinieron muchos yorubas.

A Los lucumíes cubanos fueron influenciados profundamente por la
iconolatría católica de sus amos españoles. Con su fantasía confusa, identificaron a sus dioses y diosas con los santos de la doctrina católica,. Este fue el comienzo de la santería (término derivado de la palabra santo) que significa literalmente la adoración de los santos.

La santería es un caso típico de sincretismo, es decir, la combinación o reconciliación espontánea, popular, de creencias religiosas diferentes. Este sincretismo puede apreciarse en el hecho de que la mayoría de los dioses yorubas han sido identificados con las imágenes de santos católicos.

Para el devoto católico, la imagen de un santo es la representación ideológica de una entidad espiritual que en una época vivió como ser humano sobre la Tierra. Para el santero, o practicante de la santería, la imagen católica es la personificación de un dios yoruba.

El culto de la santería es una mezcla curiosa de los ritos mágicos de los yorubas y las tradiciones de la Iglesia Católica Todas las leyendas y los argumentos históricos que rodean la vida de Jesús, María y de los santos católicos, son de gran importancia para el santero, ya que estos datos sirven para delinear las personalidades de los santos, facilitando más su identificación con los dioses yorubas apropiados.

Pero aunque el santero llega a menudo a la Iglesia Católica a una misa ocasional, sus visitas esporádicas son provocadas de ordinario por motivos premeditados; estos es, puede necesitar un poco de agua bendita para un hechizo, o un trozo de la hostia consagrada, o tal vez un poco de cera de vela para perjudicar a un enemigo, pues a pesar de la influencia de la Iglesia Católica, la santería es en su mayor parte magia primitiva, y sus raíces se hallan enterradas profundamente en el corazón de África, el hogar originario del pueblo yoruba.

La magia ha sido definida como “cualquiera de las artes de producir efectos maravillosos por medio de poderes sobrenaturales”. La hechicería, por otra parte, involucra una forma de magia en que se hacen encantamientos o se emplean amuletos, “generalmente con un propósito siniestro”.

Esta última definición no es enteramente precisa. El objetivo de un brujo no es necesariamente destructivo en principio. Tal vez una de las descripciones más precisas de un hechicero que he hallado, es la usada por
Carlos Castaneda. En las palabras de don Juan, el maestro indio de Castaneda, un brujo es “un hombre de conocimiento y poder”.

La hechicería es “aplicar la voluntad de uno a la juntura clave. La brujería es interferencia. Un hechicero busca y encuentra la juntura clave de cualquier cosa que quiere afectar y luego aplica su voluntad a ella”. Don
Juan, como brujo y “hombre de conocimiento”, se vale muy frecuentemente, para hacer sus encantamientos y recalcar su dominio sobre el mundo fenomenal, de la ayuda de cualquiera de un número de “aliados” a quienes “manipula” a voluntad.

Estos aliados van desde las drogas alucinógenas hasta los espíritus elementales y son sencillamente instrumentos utilizados por el brujo para hacer su voluntad. Don Juan no cataloga la hechicería como negra o blanca, positiva o negativa. Aún más, dice Castaneda que los “aliados no son buenos ni malos, sino que son usados por los brujos para cualquier propósito que consideren adecuado”.

De acuerdo con este concepto, un hechicero es un hombre con grandes conocimientos y poderes que puede efectuar a voluntad cambios en su ambiente, sea solo, o con el auxilio de entidades sobrenaturales. Esto no excluye la posibilidad del empleo de la brujería para propósitos malignos. Es una sugerencia bastante vaga en d sentido de que la elección real del bien o del mal depende del hechicero.

Esta definición de brujo es una descripción muy exacta del trabajo y las aptitudes del santero, “hombre de conocimiento y poder”, cuyos aliados son los orishas del panteón yoruba, sincretizados como santos católicos.

Los actos mágicos del santero incluyen ayudar a sus consultantes a librarse de influencias negativas, curar enfermedades, conseguir empleo, mejorar las condiciones económicas y someter, y frecuentemente destruir, a rivales y enemigos. Como don Juan, el santero no considera su magia buena o mala. Nada más la utiliza para hacer su voluntad, y según su forma de pensar, “los fines justifican los medios”.

No obstante, el santero es un hechicero cuya obra está dirigida principalmente a aliviar o resolver los problemas humanos que parecen insolubles por medios comunes. Por lo tanto, podría ser clasificado como un mago bueno o blanco; pero aun así, nada más porque él lo prefiere.

Y no debemos olvidar que un santero intentará muy a menudo trabajos
que sería difícil clarificar como constructivos, tales como el usar sus conocimientos mágicos para castigar o hacer daño de alguna otra manera a un enemigo. La magia no puede clasificarse con facilidad como buena o mala.

Es en esencia una fuerza neutral, una capacidad para alterar las leyes naturales que forma parte de la constitución mental y espiritual del mago y que puede emplearse indiscriminadamente con propósitos destructivos o constructivos.

En vez de embarcarnos en una discusión prolongada de los aspectos éticos de la magia, sería más interesante examinar la naturaleza del mal, con el propósito de obtener una comprensión más clara de su mecanismo intrínseco.

Hay dos formas del mal: mal negativo y mal positivo. El primero es “la oposición polarizada del bien”. Por ejemplo, es difícil caminar sobre una superficie resbaladiza, porque no ofrece resistencia; tiene que haber algo para que el pie empuje contra ello y dar al cuerpo el impulso requerido para dar un paso.

El mal negativo es el principio de resistencia, de inercia, que permite que se manifieste el bien. Este principio de resistencia es el aspecto “negativo” del mal negativo. Su aspecto “positivo” es el principio de destrucción, que se conoce también por su nombre esotérico del “basurero de los dioses”.

Según la muy conocida ocultista Dion Fortune, la función del principio de destrucción es “limpiar detrás de la marea en progreso de la evolución, retirando lo que se ha hecho inútil, para que no sofoque u obstruya el
curso de la vida”. Esto explica por qué Dios “tolera” al diablo, pues éste no es más que el “pedal cósmico de empuje” de la deidad. Así, obviamente es un mal necesario, una reacción basada en leyes cósmicas, no una fuerza caótica o anárquica.

Por otra parte, el mal positivo tiene como su aspecto negativo el caos absoluto, sustancia informe, y desequilibrio. Es la antítesis del orden y la armonía. Es todo lo innatural y lo que está en oposición directa con el principio creativo del universo.

Es la negativa absoluta de las leyes cósmicas de estabilidad y coherencia. El aspecto positivo del mal positivo lo forman las entidades diabólicas que simbolizan las concepciones malvadas del hombre que no son compensadas por un excedente de pensamientos buenos y armoniosos en otros miembros de la misma alma colectiva. De estas inteligencias caóticas fluyen todos los impulsos destructores que tientan y corrompen a la humanidad.

Se originaron probablemente mediante la práctica de la magia negra a
través de las edades. Los magos negros organizaron y modelaron las sustancias malignas originales en moldes plásticos con características
y personalidades definidas. Los seres creados así adoptaron una existencia independiente y desarrollaron y multiplicaron con rapidez su especie.

A menudo se hacen perceptibles visualmente durante sueños y alucinaciones y pueden conectarse y manifestarse en forma física por medio de invocaciones y conjuros. Con mucha frecuencia, ciertos hechizos y encantamientos se cargan con grandes impulsos vibratorios mediante él uso repetido, y actúan como llaves que abren las trampas subconscientes
atrás de las cuales pululan toda clase de horrores cósmicos.

Una vez desatadas, estas entidades nihilistas temibles deben ser canalizadas con prontitud por el mago negro y usadas para realizar sus propósitos nefandos… pues si aguarda o está inseguro de su acción siguiente, estas mismas fuerzas infernales lo destruirían por completo. De ahí que los que practican con éxito la magia negra son grandes adeptos con conocimientos vastos de las leyes naturales y cósmicas. Deben serlo, para sobrevivir a sus coqueteos constantes con la desintegración espiritual.

El mal está compuesto de dos aspectos polarizadores: mal negativo y mal positivo. De los dos, el segundo es el principio masculino activo y por lo tanto el más maléfico de los dos: genera y engendra más mal. El que es malvado de manera positiva es el destructor más activo.

Los santeros no emplean fuerzas caóticas en su trabajo. Sus aliados, los dioses yorubas, son manifestaciones directas del principio creativo y por lo tanto, son espíritus de luz. Cuando el santero hace obras mágicas aparentemente destructoras, está usando el aspecto negativo de una fuerza positiva. Por ejemplo, cuando busca venganza sobre un enemigo, puede estar utilizando las fuerzas devastadoras de Oggún, dios de la guerra, o de
Changó, dios del fuego, para rectificar una injusticia o para “enderezar un entuerto”; Para evitar convertirse en el receptor eventual de la represalia cósmica por un trabajo de destrucción, el santero tiene el cuidado de declarar que ha sido victima de las maquinaciones malignas de su enemigo y, por lo tanto, tiene derecho a la “justicia divina”.’

Así puede realizar todos los aspectos negativos de sus obras mágicas bajo la égida de las leyes cósmicas. En el Caribe hay otra secta, conocida como la de los congos o bantúes, que trabaja exclusivamente con fuerzas malignas.

La práctica de la magia congo se ha dividido en varías ramas, la más popular de las cuales es la del palo mayombe. Los practicantes de este culto son conocidos como mayomberos y pueden compararse fielmente a los proverbiales médicos brujos de la tradición africana.

Su malignidad no tiene paralelo en las prácticas ocultas. Sus  especialidades son trabajos de venganza, nigromancia y destrucción de la vida humana.

La ética y los valores humanos jamás son tomados en consideración por el mayombero, sencillamente porque él existe en un mundo “fuera de la realidad general”. La magia es para él sólo un medio de supervivencia en un ambiente hostil que amenaza destruir su existencia a cada paso del camino.

La idea de castigo cósmico no preocupa al mayombero. Cree que puede
escapar a la represalia divina mediante la utilización adecuada de sus facultades mágicas y “pagando” por los “servicios” de las entidades infernales que usa en sus actos mágicos y ceremonias.

Este pago consiste en alimentos, licor, algunas monedas de cobre y sacrificios de animales. Comprensiblemente, ninguna de las fuerzas empleadas por el mayombero han sido sincretizadas, como santos católicos, siguiendo la tradición de los yoruba. No obstante, es interesante
hacer notar que la mayoría de los mayomberos sienten un respeto
considerable hacia los supuestos poderes de los dioses yorubas y muy pocos de ellos se atreverían a entrar en un enfrentamiento real con uno de los orishas.

Es casi como el temor proverbial de los hijos de las tinieblas a las fuerzas de la luz. Esta deferencia reacia de parte del mayombero hacia los dioses yorubas no es sorprendente realmente, si uno considera la gran fama y popularidad de los orishas en Latinoamérica.

No todas las deidades yorubas representadas por santos católicos poseen el mismo grado de popularidad. Algunos santos atraen más simpatía que otros. Su popularidad es inducida por sus poderes y por la magnitud de su lista de milagros. Los santos se conocen tanto por sus nombres católicos como por sus apelativos yorubas. Muy frecuentemente, a una santa se le conoce como un dios en el panteón africano. Un caso típico es el de santa Bárbara, a quien se le conoce en la santería como Changó, el dios lucumí del fuego, el trueno y el rayo. Como Changó, se concibe a santa Bárbara a modo de un negro gigantesco de facciones fuertes, hermosas y sonrisa contagiosa.

Las deidades yorubas son mundanas y pintorescas, llenas de pasiones y simpatías y antipatías ardientes. Se les ha humanizado totalmente a través de los siglos y se piensa que descienden a la Tierra y toman posesión de sus devotos, que son conocidos como sus “hijos”.

La posesión de un creyente por un orisha es un espectáculo asombroso respecto al cual se han hecho muchos estudios sicológicos. El individuo cae en trance y adopta todas las características sobrenaturales del orisha por quien está poseído.

Bajo esa influencia puede desplomarse sobre el suelo, retorciéndose y temblando con terribles convulsiones y con espuma saliendo de su boca, o principiar una danza ritual violenta que dura horas sin ninguna indicación de fatiga por parte de la persona poseída. Sin embargo, más a menudo, la persona come y bebe abundantemente y ejecuta actos notables de fuerza y
facultades físicas. Bajo esta influencia también puede adivinar el futuro con precisión asombrosa.

Es sorprendente la intensidad de la influencia de la santería sobre los habitantes de los países latinoamericanos. Las creencias y costumbres primitivas, con sus palabras bárbaras de invocación, han llegado incluso hasta las modernas calles de Nueva York y Miami, donde la santería florece hoy tan poderosamente como en las islas del Caribe.

Según cálculos moderados, en Latinoamérica y Estados Unidos hay más de cien millones de personas que profesan el culto.

Contrario a la creencia popular, la santería no se limita a los ignorantes e incultos. Algunos de los seguidores más devotos del culto son personas con amplios antecedentes educativos y culturales.

Lo que tienen en común en la santería el ignorante y el educado es el convencimiento profundo de que ésta funciona en realidad. Es magia, sencillamente, tanto negra como blanca. Y hace efecto. Su poder es auténtico y vivido. Cuando menos ellos creen que lo es.

Muchas de las dictaduras en Latinoamérica han sido acreditadas a la magia. Muchos cubanos piensan que Fidel Castro, por ejemplo, debe su éxito y su poder a la magia negra de los mayomberos (“brujos”) cubanos. Se rumora que las fuerzas que lo colocaron en su bastión son deidades africanas. Cierto o no, es improbable que lo sepamos jamás.

Por lo tanto, la fuerza de la santería reside en la creencia de sus seguidores en los poderes sobrenaturales de sus dioses. 

¿Qué es la santería?

Cuando los yorubas identificaron a sus dioses con los santos de la fe católica, éstos quedaron investidos de los mismos poderes sobrenaturales de las deidades africanas. Fueron invocados por los sacerdotes yorubas para emprender curaciones, efectuar hechizos y hacer el mismo tipo de magia adscrita de ordinario a los orishas.

Se acreditaron a cada dios-santo atributos específicos determinados y se pensó que controlaban ciertos aspectos de la vida humana. Todos los fenómenos naturales y los sucesos comunes de la existencia cotidiana estaban bajo la influencia directa de las deidades.

Nadie sabe en realidad cuándo, o cómo, una cultura empieza a dejar su impresión sobre otra. A través de los siglos, los colonos españoles y portugueses y sus descendientes se interesaron crecientemente en la magia ritual de los yorubas. El interés inicial puede haber empezado por un babalao que curó una enfermedad que no pudo vencer un médico acreditado.. . o tal vez por la precisión de las predicciones y los hechizos de un brujo curandero.

Cualquiera que sea la razón, el hombre blanco principió a asistir a los ritos primitivos de los esclavos africanos y a participar ocasionalmente en ellos. Para fines del siglo xix, el culto yoruba había ganado muchos devotos entre los pobladores españoles de las áreas caribeñas, en particular en Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana, aunque esta última también
fue influida con profundidad por el culto del vudú.

Brasil también fue influenciado por la religión yoruba y es en la actualidad uno de los pases latinoamericanos donde se practica más activamente la santería.

A medida que se hicieron más populares los ritos mágicos de los yorubas, el hombre blanco, superando poco a poco la reticencia natural de los sacerdotes africanos, consiguió aprender la mayoría de las leyendas y ritos intrincados del culto, hasta que al fin se le permitió participar en las ceremonias de iniciación.

Tan pronto como alcanzó la calidad de adepto, rebautizó el culto y lo llamó santería, es decir, adoración de los santos. Él mismo fue conocido como santero, o practicante de la santería. Conservó la mayor parte de los nombres africanos de los orishas y los rituales más importantes, particularmente la ceremonia de la iniciación, que rebautizó como asiento.

La elección de esta palabra puede explicarse por el hecho de que se cree
que los santos toman posesión de sus iniciados y los “montan” literalmente. El santero es conocido comúnmente como el “caballo” de los santos. El “asiento” de los santos, es decir, la mente del iniciado (yaguó), se condiciona durante la iniciación para su trabajo futuro.

Un santero es iniciado en los misterios y ritos del orisha al cual reconoce como su “padre” o “madre”. El asiento es conocido también como hacer el santo. La ceremonia de iniciación se presentará con detalles más amplios en otro capítulo.

El santero moderno practica casi el mismo tipo de magia primitiva que los sacerdotes yorubas antiguos. Es un guardián celoso de las tradiciones africanas y por lo común es notablemente no comunicativo en lo concerniente a sus creencias y prácticas.

Como sería difícil de explicar a un aleyo (“no creyente”) algunas partes de su magia, no es difícil comprender esta reticencia. Las tradiciones antiguas eran trasmitidas oralmente por los antiguos sacerdotes a sus descendientes y seguidores en reuniones especiales conocidas como cabildos.

En el curso de estas reuniones, los santeros establecían las leyes y prácticas de su religión y las comunicaban a los nuevos iniciados. También durante los cabildos se determinaba el dios yoruba que iba a regir el año
siguiente. Otro método más de trasmitir las leyendas y prácticas del culto era por medio de cuadernos, llamados libretas, en los se observa la costumbre de llevar un registro escrito de los hechizos y ceremonias rituales de la santería.

Todo santero tiene una libreta donde ha anotado meticulosamente todas las enseñanzas de su padrino. Esta costumbre es muy similar a la práctica entre los hechiceros europeos, de llevar un libro de hechizos y rituales
conocidos como “Libro de las tinieblas”.

La diferencia básica entre los sacerdotes africanos y el santero reside en que éste practica su magia en la selva de asfalto de las grandes ciudades, en vez de la espesura de la selva indígena. La santería es simplemente magia de la selva adaptada a la vida citadina. Sus prácticas rituales se basan en la magia simpática.

Esto es, la magia natural que se basa en las leyes de similitud y contacto.
La ley de similitud puede expresarse por el principio mágico que dice que “todo acto imitativo produce aquello que está imitando”.

Por otra parte, la ley de contacto dice que “las cosas que han estado en contacto unas con otras siguen afectándose mucho tiempo después de que ha sido roto el contacto físico”.

Cuando el tipo de magia empleada depende de la ley de similitud, se le conoce como magia homeopática. En este sistema, el mago piensa que puede crear virtualmente cualquier clase de fenómeno natural, representándolo por anticipado, a menudo usando objetos naturales que están en alianza simpática con el propósito de la ceremonia.

El ejemplo más familiar de este tipo de magia es el muñeco de cera que es moldeado a la imagen de la persona que se quiere afectar. El mago cree que cualquier cosa que le suceda al muñeco le ocurrirá también a la
deseada víctima. Otro ejemplo de magia homeopática, bastante común en la brujería del Caribe, utiliza una piedra pequeña que puede hallarse en un parque o en un jardín ordinario.

La piedra se recoge y bautiza con el nombre de la persona a quien se quiere influir; después, se lleva la piedra a !a casa y se arroja al piso de la entrada; luego se patea suavemente por toda la casa hasta que rueda bajo la cama. Mientras’ rueda la piedra, se debe enfatizar que la que está siendo pateada es la persona a quien se desea dominar.

Es fácil comprender con estos dos ejemplos sencillos los principios básicos de la magia imitativa u homeopática. La magia contagiosa establece que las cosas que han estado en contacto unas con otras siempre lo estarán. Así es posible ejercer influencia en una persona únicamente consiguiendo algo que ha estado en contacto con ella.

Puede ser una prenda de ropa o un poco dé cabellos o de recortes de uñas. Cualquiera de estos materiales puede utilizarse para embrujar a su dueño
en una forma muy real y efectiva. Por ejemplo, es posible anudar mechones de cabellos de la víctima junto con cabello de la persona que hace el encantamiento, haciendo un brazalete.

Este es llevado después en la muñeca derecha durante nueve días, deseando todo el tiempo que la víctima venga al hechicero y ceda a sus deseos. Los recortes de uñas pueden usarse en perfumes, y las prendas de ropa pueden emplearse astutamente haciendo un muñeco que represente a la víctima.

Todas las formas de magia simpática suponen que las cosas actúan a distancia unas sobre otras mediante una atracción no identificada e inexplicable, efectuándose el contacto inicial por la voluntad del mago. Esta creencia en la influencia simpática ejercida de modo recíproco por individuos u objetos separados por la distancia, es de importancia capital en la santería, y de hecho, es importante en cualquier forma de magia
natural.

El mago inglés Aleister Crowley definió la magia como la capacidad para efectuar cambios en la conciencia, de acuerdo con la voluntad del mago. Esta definición concuerda con los principios mágicos de la santería. Pero no es suficiente poseer una voluntad fuerte para producir la reacción deseada.

Uno también debe tener fe, el convencimiento ardiente de que la magia
dará resultado. No importa si esta fe trasciende a la confunda humana y proviene de entidades no humanas o si está arraigada en una seguridad inconmovible en uno mismo.

Lo que importa es su influencia y los fenómenos algunas veces increíbles que puede crear. En la santería, esta fe se pone firmemente en las fuerzas poderosas de los dioses yorubas. Los poderes sobrenaturales de los santos, en alianza estrecha con la magia simpática de los santeros y su determinación intensa de triunfar, producen los cambios en la conciencia descritos por Aleister Crowley.

Los dioses no otorgan sus favores sin un ofrecimiento apropiado, naturalmente. Este puede variar desde una vela de siete días, del color predilecto del dios, un plato de miel o de dulces, hasta un cesto de fruta fresca o el sacrificio de un animal.

La ofrenda varía según la personalidad del dios invocado y la magnitud del favor pedido. Luego de solicitar la ayuda de un santo particular en un hechizo dado, el santero procede a la ceremonia que dedica al santo, reforzando frecuentemente el ensalmo con una imagen del orisha y oraciones especiales.

Los encantamientos que requieren el auxilio de un santo deben emplear materiales que son atributos de ese orisha particular. Por ejemplo, un hechizo de amor que pide la ayuda de Oshún se efectuará con caracoles marinos, cuentas, miel, carapachos de animales o calabazas: todos estos, atributos de la diosa.

Cualquier vela encendida en su nombre tendrá que ser amarilla, su color favorito. 

La persona indicada para juzgar cuál orisha debe utilizarse en un problema dado y qué ceremonia se debe aplicar mejor, será un santero competente. Aunque algunas situaciones caen claramente bajo la jurisdicción de uno de los orishas, hay problemas que pueden necesitar el auxilio de más de un santo.

En casos extremadamente difíciles puede haber necesidad de invocar la
ayuda de las Siete Potencias Africanas, una combinación poderosa que incluye a Obatalá, Elegguá, Orúnla, Changó, Oggún, Yemayá y Oshún.

Imágenes de los santos

Para hacer un hechizo con éxito se requiere frecuentemente la imagen del orisha invocado. Como hay muy pocas imágenes de los dioses en sus aspectos africanos, el santero emplea las que representan la personalidad católica del orisha.

Algunas de las imágenes son estatuas hechas exquisitamente, traídas de
España o de Italia y, por lo tanto, muy costosas. Los tamaños varían de 0.30 a 1.50 m. También hay estatuillas pequeñas de plástico y algunas son hechas con bases magnetizadas para fijarse sobre los tableros de los coches.

Santa Bárbara se representa de ordinario como una adolescente, coronada, vistiendo una túnica blanca y un manto rojo con orla dorada, una figura principesca obviamente. Tiene en su mano derecha una copa que simboliza el Santo Grial, mientras esgrime una espada con la izquierda.

La corona, la copa y la espada son doradas. A sus pies se levanta una torre pequeña, formada como una fortaleza. Aunque su existencia está envuelta en muchas leyendas contradictorias, la mayor parte de las fuentes históricas convienen en que fue una princesa cristiana.

Su padre la tenía presa en una torre por sus creencias y su negativa a casarse de acuerdo con los deseos paternos. Una noche tempestuosa, él subió a la torre y renovó sus exigencias de que se casara con uno de sus
capitanes.

La insistencia con la que ella se aferró a sus creencias y su negativa a obedecer su voluntad, lo llenó de tanta furia que desenfundó su espada y la decapitó. En ese momento preciso fue abatido por un rayo, creándose así la leyenda del poder de santa Bárbara sobre los rayos y el fuego. Las analogías entre la virgen mártir y el dios yoruba del trueno y el rayo son tan señaladas que no hay duda en la mente del santero de que son la misma entidad.

La estatua de santa Bárbara que mencioné con anterioridad es un buen ejemplo de esta identificación. La imagen mide alrededor de 1.20 m, con cara exquisita y figura núbil, la túnica y el manto grabados con hoja de oro, su corona, espada y copa hechas de oro de veinticuatro quilates.

Nada podría ser más delicado y frágil que esta figura virginal. No obstante,
las ofrendas a sus pies son un vaso de ron y un grueso cigarro, dados a la santa en su aspecto yoruba de Changó.

Creencias en la santería

La santería enseña que a toda persona le es asignada a su nacimiento un guía protector que es uno de los orishas. A este guía se le conoce como el ángel guardián. Además de un guía se le asigna al recién nacido una planta especial, una piedra de nacimiento y un animal. Si al crecer descubre las identidades de las mascotas divinas y las conserva con él siempre, tendrá
éxito y será poderoso toda su vida.

La piedra de suerte de un individuo no tiene que ser una gema preciosa. Puede ser un simple guijarro de color que encuentre en la playa y atraiga su atención sin ninguna causa especial.

El apremio inexplicable de recoger una piedra que se halle por acaso es una indicación de que el guía espiritual desea que uno la levante y la conserve como amuleto. No todas las piedras encontradas por azar pueden considerarse de suerte, naturalmente.

Los santeros se refieren a una piedra atractiva particular que hace que uno sienta que debe tenerla, simplemente. Es probable que esa piedra esté cargada con buenas vibraciones para uno personalmente, y debe recogerla y llevarla siempre con usted.

Por supuesto, hay guías que prefieren piedras preciosas. Changó, por ejemplo, cuyo color es el rojo, es partidario de los rubíes, aunque se conformará con un granate, una cornalina o cualquier piedra roja, bonita y brillante. A Oshún le agrada el topacio, cuyo color recuerda el oro al cual es muy aficionada.

No es verdad, dicen los santeros, que la fecha al nacer, de una persona tenga una relación con su piedra de nacimiento. Esa fecha no tiene significado espiritual en la santería. La prueba indiscutible de esto es, para un santero, el hecho de que cientos de miles de personas nacen el mismo día y, sin embargo, llevan vidas totalmente distintas.

Sólo un espiritualista competente o un babalao pueden determinar cuáles son los talismanes de una persona. En las islas caribeñas, tan pronto como nace un niño se consulta a tal especialista.

Los animales que se piensa son benéficos, son la cabra, el elefante y la tortuga. Afortunadamente no es necesario tener vivo en casa uno de estos animales. Para recibir su influencia benéfica es suficiente tener una imagen en metal o en plástico. Por otra parte, los animales considerados nocivos espiritualmente son toda clase de reptiles e insectos venenosos, tales como alacranes y ciempiés, algunas variedades de ranas, todas las aves de rapiña, la rata, el cocodrilo, el lagarto y la araña.

Los santeros piensan también que el agua tiene gran fuerza espiritual como medida defensiva. Recomiendan a sus seguidores que mantengan bajo sus lechos un recipiente pequeño lleno de agua para purificar todas las influencias malignas. Creen que los espíritus funestos que descienden sobre nosotros desde sus esferas viciadas se disuelven en agua como azúcar o sal.

Las aguas deben cambiarse cada veinticuatro horas. Deberán tirarse
preferentemente fuera de la casa cuando nadie esté mirando pero
no debe permitirse en ninguna circunstancia que caigan al suelo
o en el fregadero de la cocina.

Otros agentes eficaces contra las entidades malignas son los ajos y la-azúcar morena. Los santeros queman el azúcar y las cascaras de los ajos en una sartén pequeña, sobre un lecho de carbones calientes, y se permite que el humo espeso, denso, resultante de la combustión, llene toda la casa, especialmente dentro de guardarropas y en los rincones donde se cree se esconden los espíritus malignos.

Este humo se conoce como sahumerio. Muchos santeros también conservan en sus casas un muñeco de trapo negro para disipar las influencias malignas. Aunque las deidades yorubas entienden “todos los idiomas del mundo”, existen ciertos sonidos que los hacen “más propicios
y comprensivos”.

Por esa causa, muchas de las palabras utilizadas para invocar a un orisha pertenecen al lenguaje yoruba. Algunas de las palabras más comunes usadas en el culto se dan en la lista siguiente:

ACHÉ: gracia, poder.
AGOGÓ O ACHERÉ: un instrumento empleado, junto con tambores,
para llamar a un orisha a la Tierra.
AGBEBE: abanico usado para ayudar a refrescar a los orishas
cuando están muy acalorados o contrariados. Es un símbolo
de Yemayá y de Oshún.
AKOÑRÍN: cantante o llamador de ios orishas.
AKOYÓ: hombre sabio.

AKPETEBÍ: diosa preferida por un orisha. Por ejemplo, Oyi es la akpetebí de Changó.
ALEYO O ABERÍNKULA: no creyente.
AMALA: alimento ofrecido a los orishas.
ARABA O IROKO: el árbol sagrado de la santería. Se conoce en español como ceiba y en botánica, como árbol de algodón.
BABALAO: sumo sacerdote del culto.
BÁMBULA: danza.
BATA : los tres tambores utilizados junto con el agogó para reunir a los dioses. Son llamados iyá, itótele y okónkolo. El sonido del último jamás cambia; es una base sobre la cual hablan entre ellos los otros dos tambores.
EYÁ: un cuarto dentro del ileocha.
FORIBALE: genuflexión hecha frente a los tambores o al santuario.
GÜEMILERE: ceremonia sagrada de la santería.
IBÁN-BALO: patio del templo.
IGBODU: santuario donde se tienen los talismanes y piedras de los orishas.
ILÉ: casa.
ILEOCHA: templo donde se efectúan las ceremonias.
IRÉ: buena suerte.
IRUKE: plumero especial empleado para desvanecer los malos
espíritus.
IYALOCHA: practicante de sexo femenino de la santería.
MODDU cui: gracias.
OKONÍ: profesor.
OMO-ORISHA: un santero consagrado a un orisha específico.
ORISHA: cualquiera de las deidades yorubas.
ORU : una serie de invocaciones o llamados.
OTAN : piedra especial sagrada para un orisha y por medio de la cual se comunica un dios con el santero. Las otanes se conservan comúnmente en tazones adornados en los altares de los orishas.
Owó: dinero.
YAGUÓ: iniciado en el culto.
YUBBONA: el padrino del yaguó.

Ciencia herbaria

La base de los hechizos principales de la santería son hierbas, plantas, raíces y flores. Todo santero es un herbolario competente que puede curar prácticamente toda enfermedad con un caldo de hierbas, o hacer un encantamiento tremendo con algunas flores.

Se piensa que cada planta tiene una entidad espiritual que la protege. Se cree que todas las hierbas están vivas, llenas de aché (“poder”). Cada raíz, flor, árbol o planta pertenece a uno u otro de los orishas cuyo permiso debe solicitarse siempre que se emplee la planta.

La mayor parte de las hierbas tiene un propósito doble, para curaciones y para magia. Por ejemplo, el ajo se utiliza en tés para bajar la hipertensión arterial y para disipar las influencias malignas.

La artemisa se usa en tés contra la apendicitis y también en baños purificadores. El anatnú (petiveria aüiacea) se emplea como abortivo y también para causar dificultades y discordia. El coco tiene usos extensos; el agua se utiliza frecuentemente como diurético y la pulpa se emplea
en la adivinación.

Algunas hierbas se consideran malignas y se utilizan únicamente para obras de destrucción. Un ejemplo típico es la hiedra venenosa (guao). De acuerdo con los santeros, esta planta pertenece al diablo. Creen que si una persona toca el guao y padece la erupción violenta típica por la cual es famosa la planta, debe golpear las hojas con un palo, escupir las raíces e insultarla con el lenguaje más soez. Si lo hace, desarrollará inmunidad contra la planta, que jamás se atreverá a hacerle daño nuevamente. El guao es usada por el mayombero para causar dificultades, éste la mezcla con pimiento, huesos de las cabezas de un gato y un perro negro, una tarántula, sal, azufre y tierra de cementerio.

La mezcla se pone después cerca de la casa de la presunta víctima quien encontrará un poco más tarde toda clase de dificultades. Otra planta que se emplea continuamente es una mata conocida como escoba amarga (partenium hysteropkorus), que se usa en baños purificadores para ahuyentar a los abikúes.

Un abikú es un espíritu malicioso que rencarna en un niño que muere en la infancia. Existe entre los viejos santeros la creencia de que la única forma de ahuyentar al abikú es golpeándolo con una rama de escoba amarga. Siempre que un niño es muy enfermizo y llora de manera constante, se piensa que su cuerpo está habitado por un abikú y generalmente se le azota con la rama, por lo común los miércoles.

La santería moderna tiende a mofarse de estas creencias, pero aún existen algunas personas que llaman al santero siempre que un niño que se piensa que es un abikú muere a edad temprana. El santero hace una marca en el cadáver, frecuentemente cortando un trozo de oreja, ya que creen que el abikú regresará a importunar a la familia. Guando nace otro niño en la misma familia, su cuerpo se revisa para ver si tiene la misma señal que fue hecha en el hijo muerto.

Si se halla tal marca, y según los santeros sucede a menudo, se llama
prontamente al santero para que “ate” al recién nacido a la tierra para que no muera también. Esto se realiza fijando al tobillo o a la muñeca del infante una cadena pequeña que no debe quitarse hasta que haya pasado de la pubertad.

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