La confrontación con el demonio

Introducción

Ayer estuve discutiendo con una amiga, gran conocedora del mundo del exorcismo de y las almas del purgatorio, entorno a una cuestión y es la siguiente: ¿Es lícito para un laico imprecar directamente a un demonio en el marco de una confrontación directa con él?.

Yo pensaba que se un laico católico siempre podía hacer un mandatum, un especie de orden imperativa si se viese en un gran asedio por parte de ese demonio o le estuviera vejando, y ella decía que no, que para un laico, es decir, para alguien no ordenado válidamente, no era posible tal enfrentamiento.

Bueno, como veremos es ella la que tiene razón. No puede uno andar por la vida haciendo mandatums e ir agitando crucifijos y emulando al padre Karras.

Antes de nada vamos a conocer con precisión el significado de varios términos importantes en este enrevesado problema linguístico-teológico.

Imprecar e Impetrar

Veamos el significado de esas dos palabras:

1. Imprecar:

Significa maldecir o desear mal a alguien o algo. Es el acto de expresar palabras o deseos de maldición contra una persona u objeto.

2. Impetrar:

Significa solicitar o pedir con ruegos y súplicas. Se refiere a rogar o suplicar con ahínco para conseguir algo, especialmente una gracia o un favor.

Como se puede ver, aunque suenan similares, estos términos tienen significados bastante diferentes. Veamos algunos ejemplos de uso para cada palabra.

 

1. Imprecar:

– El hombre, furioso por el robo, imprecó contra los ladrones deseándoles mala suerte.
– La bruja imprecó un maleficio sobre el reino, condenándolo a cien años de sequía.
– Tras perder el partido, el entrenador imprecó contra el árbitro por sus malas decisiones.

2. Impetrar:

– El campesino impetró a los dioses por lluvia para salvar sus cosechas.
– La madre impetró al juez que tuviera clemencia con su hijo.
– Los fieles impetraron el perdón divino durante la ceremonia religiosa.

¿Verdad que se nota la diferencia en el tono y la intención de cada verbo? Imprecar se usa en contextos negativos, mientras que impetrar se asocia más con ruegos o súplicas, a menudo en situaciones formales o religiosas.

En particular en la literatura de terror de Howard Phillips Lovecraft se alude muchas veces a que determinados adeptos o acólitos de sectas oscuras se dirigen a los bosques en Halloween o en la noche de Walpurgis a impetrar las piedras. Es decir y a la luz del significado de esa palabra, a antiguos altares erigidos para adorar a dioses oscuros, e impetran a los restos de piedra de esos blasfemos altares para obtener sus pecaminosos deseos.

Invocar y evocar

Como complemento veamos el significado de invocar y evocar:

1. Invocar:
Significa llamar, pedir ayuda o solicitar la presencia de alguien o algo, generalmente una entidad sobrenatural, una autoridad o un principio abstracto. También puede referirse a mencionar o citar algo como apoyo o justificación.

2. Evocar:
Significa traer algo a la memoria o a la imaginación. También puede referirse a recordar o sugerir por asociación.

Aquí van algunos ejemplos de uso para cada palabra:

1. Invocar:

– El chamán invocó a los espíritus de la naturaleza durante la ceremonia.
– El abogado invocó la Constitución para defender los derechos de su cliente.
– Los manifestantes invocaron el derecho a la libertad de expresión.

2. Evocar:

– El aroma del pan recién horneado evocó recuerdos de su infancia en la casa de su abuela.
– La melodía evocó sentimientos de nostalgia entre los oyentes.
– El paisaje nevado evocaba las escenas descritas en las novelas de Jack London.

Como se puede observar, “invocar” se usa más en contextos de llamar o solicitar algo, especialmente en situaciones formales o rituales. “Evocar”, por otro lado, se relaciona más con traer a la mente recuerdos, sentimientos o ideas.

Quería hacer una aclaración acerca de evocar. Es una palabra muy utilizada en contextos esotéricos, mas en concreto en el espiritismo y en la relación con los muertos. Cuando queremos que aparezca un muerto con el cual siempre tendremos comunicación telepática, normalmente lo evocamos y concentrándonos en su imagen y visualizándolo saltaremos de un recuerdo a otro por asociación de ideas hasta que aparezca en la bola de cristal o al otro lado del espejo en una sesión de cataptromancia.

Mandatum

En el contexto de la lucha contra los espíritus inmundos dentro de la Iglesia Católica, un “mandatum” (palabra latina que significa “mandato” o “comisión”) se refiere a la autorización oficial otorgada por un obispo a un sacerdote para realizar exorcismos.

Específicamente:

1. Autorización episcopal: Es una autorización formal y escrita que un obispo concede a un sacerdote.

2. Propósito específico: Esta autorización se da específicamente para realizar exorcismos, que son rituales destinados a expulsar demonios o espíritus malignos de personas, lugares u objetos.

3. Requisito canónico: Según el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica, este mandatum es necesario para que un sacerdote pueda realizar exorcismos de manera lícita y oficial.

4. Preparación requerida: Los sacerdotes que reciben este mandatum generalmente han pasado por una formación especial en exorcismo y discernimiento espiritual.

5. Responsabilidad: El mandatum no solo autoriza, sino que también confiere la responsabilidad de realizar esta tarea delicada según las normas y directrices de la Iglesia.

Es importante notar que la Iglesia Católica trata el tema de los exorcismos con mucha seriedad y cautela, requiriendo un proceso de discernimiento cuidadoso antes de proceder con un exorcismo formal.

La confrontación con el demonio

Desde un punto de vista teológico católico, esta es una cuestión delicada que requiere un análisis cuidadoso. Razonemos sobre ello:

1. Autoridad y jerarquía:
La Iglesia Católica enseña que la autoridad para tratar directamente con demonios proviene de Cristo y se transmite a través de la jerarquía eclesiástica. Los exorcismos formales están reservados a sacerdotes con mandatum específico.

2. Sacerdocio común de los fieles:
Sin embargo, todos los bautizados participan del sacerdocio común de los fieles, lo que les confiere cierta autoridad espiritual.

3. Defensa personal:
La teología moral católica reconoce el derecho a la legítima defensa, que podría extenderse al ámbito espiritual.

4. Precedentes bíblicos:
Hay ejemplos en las Escrituras de personas que no eran sacerdotes enfrentando a espíritus malignos (por ejemplo, en el libro de Tobías).

5. Prudencia y discernimiento:
La Iglesia advierte sobre los peligros de involucrarse directamente con lo demoníaco sin la debida preparación y autoridad.

6. Medios ordinarios de gracia:
Se anima a los fieles a utilizar los medios ordinarios de gracia (sacramentos, oración, sacramentales) como protección.

Considerando estos puntos, se podría argumentar que:

– Un laico puede y debe orar por protección y liberación.
– Puede invocar el nombre de Jesús y utilizar sacramentales como el agua bendita.
– Debe evitar dirigirse directamente al demonio o imprecarlo, ya que esto podría considerarse una forma de exorcismo informal.
– En situaciones de ataque percibido, lo más prudente sería buscar ayuda de un sacerdote o exorcista autorizado.

La recomendación general sería que el laico se centre en fortalecer su vida espiritual y busque orientación de la autoridad eclesiástica competente, en lugar de enfrentarse directamente al demonio.

Soporte bíblico

Hay varios pasajes bíblicos que sugieren la precaución al enfrentarse directamente a los demonios, especialmente para aquellos que no tienen la autoridad específica para hacerlo. Aquí algunos ejemplos relevantes:

1. Hechos 19:13-16
“Algunos judíos que andaban expulsando espíritus malignos intentaron invocar sobre los endemoniados el nombre del Señor Jesús. Decían: «¡En el nombre de Jesús, a quien Pablo predica, les ordeno que salgan!» (…) Pero el espíritu malo les respondió: «Conozco a Jesús, y sé quién es Pablo, pero ustedes ¿quiénes son?» Y el hombre que tenía el espíritu malo saltó sobre ellos y, dominándolos, los maltrató con tanta violencia que huyeron de la casa desnudos y heridos.”

Este pasaje muestra el peligro de intentar exorcismos sin la debida autoridad.

2. Judas 1:9
“Ni siquiera el arcángel Miguel, cuando argumentaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, se atrevió a pronunciar contra él un juicio de maldición, sino que dijo: «¡Que el Señor te reprenda!»”

Aquí se muestra que incluso un arcángel no se enfrenta directamente al diablo, sino que invoca la autoridad de Dios.

3. Efesios 6:10-18
“Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. (…) Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. (…) Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos.”

Este pasaje enfatiza la importancia de la protección espiritual y la oración, en lugar de la confrontación directa.

4. Santiago 4:7
“Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.”

Aunque habla de resistir al diablo, lo hace en el contexto de someterse primero a Dios, sugiriendo una resistencia pasiva más que un enfrentamiento directo.

5. 1 Pedro 5:8-9
“Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe.”

Nuevamente, se habla de resistencia a través de la fe, no de confrontación directa.

Estos pasajes, en conjunto, sugieren que la mejor forma de enfrentar las fuerzas demoníacas para un laico es a través de la fe, la oración, y la sumisión a Dios, en lugar de una confrontación directa, que se reserva para aquellos con la autoridad específica para hacerlo.

 

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