La crisis de la muerte: la transición al mas allá

La crisis de la muerte

Es la segunda vez que abordamos el tema de la crisis de la muerte en esta cripta, y no será la última. De todas formas voy a adelantar lo que pienso de este asunto.

La crisis de la muerte, está descrita por espíritus desencarnados que, posteriormente a su fallecimiento, se comunican con médiums, que son los que nos cuentan cómo es el mas allá.

De hecho, son los propios muertos los que hablan relatando la crisis de la muerte que a ellos les aconteció.

Pero, hay que tener en cuenta que esto es básicamente espiritismo. El espiritismo es una religión revelado por espíritus del mas allá, con sus dogmas y libros sagrados.

Hay muchos tópicos del espiritismo decimonónico en los relatos de la crisis de la muerte descritos. Para mí son muy sugerentes, pero algunos de ellos poco creíbles.

Acepto lo de la revisión de la vida, porque se ha contrastado posteriormente. Quizá la comunicación telepática con otros espíritus y la bienvenida de familiares, pueda ser cierta.

Sin embargo otros temas como el sueño profundo, la creación de formas-pensamiento, la afinidad espiritual, y las enseñanzas que reciben los espíritus para una posterior reencarnación, son puras invenciones.

Son dogmas y prejuicios del espiritismo, contra los que debemos estar prevenidos. Por no hablar de la metodología empleada por los espiritistas: invocaciones, ouija, escritura automática…todas ellas que pueden acarrear importantes perjuicios espirituales.

 

 

Llegada al mundo espiritual y entrada en el sueño reparador

Llegan al mundo espiritual con los sentimientos que los dominaban en el momento de la muerte. Algunos creen estar todavía combatiendo: tienen que apaciguarse. Otros imaginan que se volvieron locos, al ver transformarse de súbito el medio a su alrededor. Nada de esto os sorprenderá porque ya podéis imaginar en que terrible estado de tensión del espíritu, semejante a la locura, se
desempeñan las batallas. Hay otros que piensan haber sido gravemente heridos sin haberse dado cuenta de eso. 

La crisis de la muerte. Imagen misteriosa

Tenemos primero que procurar distraerlos bromeando, y solo poco a poco llevarlos a comprender el verdadero significado del supuesto hospital en que se encuentran.

Hay también los que acogen con real satisfacción la noticia de que ya murieron; estos son los que, en el transcurso de la vida horrible de las trincheras, traspasaron los límites extremos de lo que la sensibilidad humana puede soportar.

Lo mismo no sucede con otros que dejan en el mundo padres a quienes aman con ternura; en este caso tenemos que conducirlos gradualmente a la realidad del estado en que se encuentran, con tacto y delicadezas infinitos.

Muchos hay tan fatigados que ninguna energía más les queda para lamentar cosa alguna; esos no tardan en entrar en el período de sueño reparador. Hay finalmente los que tenían prevista la muerte inminente, al ver llegar el obús bajar desde lo alto; esperaban su fin con la explosión inevitable.

Entre estos últimos muchos se cuentan de los que caen en el sueño en cuanto desencarnan; esto se produce cuando se hacían a la idea de que la muerte era aniquilamiento; el período de sueño reparador se adapta entonces inmediatamente a sus convicciones al respecto.

En todo caso, cuando despierta el Espíritu se siente otro ser. Sabe que se encuentra en un medio espiritual y que es un Espíritu: tal y como cuando en el mundo de los vivos una persona da con la solución de un problema que le parecía insoluble antes de dormir.

Los que desencarnan con la convicción de la existencia de la vida de ultratumba no
necesitan dormir, al menos que lleguen al mundo espiritual agotados por una larga enfermedad, o deprimidos por una vida de tribulaciones. En la práctica, pocos hay que no necesiten un período de sueño más o menos largo. 

La crisis de la muerte. Imagen misteriosa

Los espíritus de los muertos desean explorar el medio espiritual

Una enorme curiosidad es el primer sentimiento que asalta a aquel que despierta con plena conciencia de lo que somos y del lugar donde nos encontramos, esto es, sabiendo que somos Espíritus supervivientes a la muerte del cuerpo y que nos encontramos en otro plano de la existencia.

Esa curiosidad va acompañada normalmente de un gran deseo de explorar el nuevo medio, de saber más a su respecto. Verificamos primeramente que hay, alrededor de nosotros, “cosas”; es la primera observación que nos llena de admiración, tanto más cuanto esas “cosas” nos parecen de la misma naturaleza que las que conocemos en la Tierra, aunque también parezcan diferentes, pero de un modo difícil de comprender.

Son reales, absolutamente reales: esto lo vemos bien y, no obstante, tenemos la intuición de que son temporales y que corresponden apenas al estado espiritual que sigue al despertar.

Inmediatamente no tardamos en descubrir (y esto es muy curioso e interesante) que podemos trasformar ciertas cosas que vemos alrededor nuestro únicamente deseando que ellas se trasformen.

Aunque no podemos hacerlo más que con objetos de poca importancia. Por ejemplo, si percibo a mis pies una aguja de pino y deseo que ella se vuelva una aguja de acero, ella se convertirá en una verdadera aguja de coser que puedo coger y observar.

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No podríamos, sin embargo, trasformar los objetos voluminosos y todavía menos el medio en que vivimos. Y no podríamos hacerlo porque el paisaje que nos rodea no es solamente ” escenario” nuestro; es el “escenario” de todos los Espíritus.

Podemos trasformar cosas pequeñas cuando eso a nadie moleste, a nadie perjudique. Después de repetidas experiencias de esta naturaleza se comienza a comprender la verdad, esto es, que el medio donde vivimos está en realidad únicamente constituido por “formas de pensamiento” y por “proyecciones de la
memoria” ; que todo esto está organizado con el fin de hacer más fácil a los Espíritus recién- llegados el período de transición de la existencia terrestre hacia la existencia espiritual propiamente dicha.

Y mucho aprendemos a este respecto, observando a nuestro alrededor todo lo que estamos en condiciones de trasformar mediante un acto de voluntad y todo lo que se conserva inalterable, a pesar de los esfuerzos de la voluntad.

Al principio nos parece que los Espíritus conversan de la misma manera que lo hacían en la Tierra, cuando vivos; simplemente se experimenta desde el principio la curiosa sensación, que también muchas veces se produce en el mundo de los vivos, de comprenderse mucho mejor de lo que se formula verbalmente.

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Pero, en el medio espiritual, ese sentimiento es continuamente experimentado y es infinitamente más fuerte del que se produce en el mundo de los vivos. Hacemos constar, pues, que nuestra conversación por medio de palabras no es más que una especie de superestructura artificial, sustancialmente inútil para el intercambio de nuestras ideas, que en realidad se opera directamente por la transmisión de pensamientos…

Los espíritus no saben que han muerto

La mayor sorpresa que espera a un vivo, en la crisis de la muerte, consiste en el hecho de despertar y reconocerse muerto. Cuando intentan hacernos comprender que estamos muertos, infaliblemente respondemos: “Imposible!” ¿Por qué debería yo considerarme muerto, cuando me siento más vivo que antes?- Efectivamente, no nos sentimos de ninguna manera cambiados.

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Todo lo que contribuye a formar la existencia de nuestra individualidad permanece sin alteración. Además, el medio inmediato en que entramos nos parece aquel que nos es familiar. En la realidad somos nosotros que inconscientemente lo objetivamos por el pensamiento.

De esta manera, no podemos creer en el maravilloso fenómeno de que estamos realmente muertos. Estas primeras impresiones pueden ser definidas como la sorpresa número uno.

Los familiares de los espíritus vienen a su encuentro

Naturalmente, yo también pensaba que era así cuando, por la muerte, penetré en el mundo espiritual. Los ataques de sollozos, asma y otros síntomas bronquiales, que me habían atormentado en el momento de la muerte, continuaban afectándome, cuando abrí los ojos en la vida espiritual. Como bien se puede ver así no era en realidad.

Se trataba de una reproducción efímera de los sufrimientos que experimenté, reproducción generada en los vivos recuerdos que de ellos me quedaron. Añadiré que esas reproducciones efímeras de los males realmente sufridos son una consecuencia inevitable, general, e incluso providencial, del nacimiento, en el mundo espiritual. 

La crisis de la muerte. Imagen misteriosa

Más tarde me llegó la sorpresa número dos, la más maravillosa y reconfortante de todas. Fue cuando oí a mi lado una dulce voz de mujer, que yo conocía bien, llamarme por mi nombre.

Era mi madre. Ella había muerto hacía muchos años y acudía a darme la bienvenida al medio espiritual, llamándome por mi apodo familiar, recordado desde mi infancia.

Siendo ya viejo, abuelo desde hacía mucho tiempo, me veía, sin embargo, acogido y festejado, en la nueva morada de mi madre que tanto amé otrora, y que, cosa vergonzosa!, casi había olvidado después, por consecuencia de los largos años
transcurridos desde su muerte.

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Maravillas del mundo Espiritual

Continuó a esto un período prolongado de sueño. Era el total abandono, durante el cual, por lo que me dijeron, las fuerzas espirituales, siguiendo leyes inmutables, preparan lentamente el grandioso proceso del renacimiento espiritual…

Una vez operado el milagro, sobrevino para mí la hora gloriosa del despertar y, recuperando la consciencia, tuve la reconfortante certeza de haber efectivamente pasado de la muerte en el medio terrestre a la vida en la morada espiritual.

Me levanté y miré a mi alrededor: el panorama que se desarrollaba ante mis ojos era de indescriptible belleza y parecía prolongarse hasta el infinito. Sobre él un cielo maravilloso se extendía…El paisaje era llano y ondulado.

Pero, el detalle más maravilloso del panorama contemplado consistía en esto: que los objetos alejados no parecían en modo alguno disminuidos en sus proporciones por efecto de la distancia, como sucede en el medio terrestre. La perspectiva se presentaba literalmente transformada.

Y no era todo, pues además verifiqué que percibía simultáneamente los objetos por todos sus lados y no únicamente del lado expuesto a mi mirada, como sucede en el mundo de los vivos. Esta facultad de visión de visión amplificada y perfeccionada produce efectos maravillosos.

La crisis de la muerte. Imagen misteriosa

Cuando se observa la superficie exterior de un objeto cualquiera, se ve su interior, el contorno y, a través de él, lo que está detrás, de donde resulta que la visión espiritual pone al observador en condiciones de penetrar íntegramente un objeto observado.

Era maravilloso el medio en que me encontraba, pero comencé a experimentar una vaga necesidad de compañía. En cuanto ese sentimiento nació en mí, vi transformarse lo que me rodeaba.

Pareció extenderse, renovarse, volverse más bello que antes. Enseguida vi surgir, de todos los lados, seres espirituales que me venían al encuentro.

Supe después que ese prodigio fue debido al hecho de que yo tenía un vivo deseo y este creó la necesaria “relación psíquica” entre mí y los seres existentes en el mismo plano espiritual, los cuales se apresuraron a venir al encuentro del recién llegado.

Enlaces de interés

El paso del umbral de la muerte – La Cripta de John Dee

La realidad de la muerte – Enseñanza de Petronio – La Cripta de John Dee

Reflexiones acerca de la muerte – La realidad inquietante de las psicofonías – La Cripta de John Dee

Experiencias cercanas a la muerte: El estudio AWARE – La Cripta de John Dee

La muerte y las ECM – La Cripta de John Dee

The Official Shadow People Archives

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